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Tuesday, July 14, 2009
Kuching y el Rainforest Festival
Este fin de semana, con un grupo de 10 personas, nos fuimos a la selva de Borneo a disfrutar de la parte oriental de Malasia. El plan era muy claro: festival de música y ver a los monos narigudos.
Llegamos puntuales a Kuching desde Singapur. Nos dirigimos al Tune Hotel, una nueva cadena de hoteles de la linea aérea AirAsia que ofrecen habitaciones a bajo coste. Íbamos recomendados por Xavi, que había estado en el Hilton de Kuching, que está al otro lado de la calle del Tune. En el hotel estaban esperándonos Lara, Alvar y Charlie, que habían ido un día antes. Esa noche nos fuimos a dar una vuelta por el pueblo, cenamos y bebimos algo, y a dormir!
Alguno había bebido más de lo debido la noche anterior, así que prontito sólo nos despertamos Lara y yo. Desayunamos en una cafetería a la orilla del río Kuching y salimos hacia el Rainforest Festival, un festival de música folklórica que se desarrolla en medio de la selva. Nuestra idea era ir, ver el ambiente y luego volver a por la gente. Pero nos dimos cuenta de que estaba demasiado lejos de Kuching para ir yendo y viniendo, así que nos quedamos allí. Entre montañas de selva, con un lago central y un escenario en un lado. Me alegro de habernos quedado, ya que lo mejor del festival fueron los workshops que tuvieron los artistas antes de los conciertos de la tarde. Así asistimos a uno buenisimo llamado Hit Makers donde escuchamos música de Transilvania, Polonia e Indonesia :). El segundo workshop se titulaba One-Sided Percussion, y juntaron percusionistas de diferentes paises (Marruecos, Cuba, Malasia e Indonesia) para acabar tocando todos juntos. Tal vez el último workshop al que asistimos, Hot Pickers, de guitarristas de diferentes partes del mundo, fue el peor.
Luego tuvimos un rato de descanso, y ya cuando se puso el sol empezaron los conciertos en el escenario grande. La noche anterior había llovido, y el suelo estaba todo embarrado, como un lodazal. Un verdadero asco yendo con chanclas. Pero pronto nos acostumbramos, y empezamos a ver pasar grupos de más o menos calidad. El que más me gustó fue Oudaden, de Marruecos, que con sus ritmos bereberes contagiaron a todos de alegría. Asika estuvo chulo con la mezcla de pop y música tradicional malaya, así como Moana and The Tribe, que junta una gran voz femenina con ritmos maoríes. Sin embargo tanto Lan-è Tuyang (Malasia) como Jouhiorkesteri (Finlandia) me parecieron criminales.
Nos fuimos a la cama pasada la medianoche, pero sabíamos que el domingo nos esperaba un día largo. Fuimos a ver el Parque Nacional de Bako. Es uno de los parques nacionales más pequeños de Malasia, pero tiene una riquisima fauna y flora. Llegamos en barco, y tras casi perder la vida contra un palo en medio del mar (el conductor del barco dijo: ups, que no lo había visto!) empezamos a andar. Primero fuimos a la playa de Paku, donde nos dijeron que tal vez viesemos a los monos narigudos. Pateo de 30 minutos y no había monos ni nada. Vaya cabreo que llevaba yo. Así que como teniamos unas cuantas horas antes de volver a coger el barco me alié con Iñaki para salir a andar hacia otra playa. Nos recomendaron la playa de Kecil, y me alegro de haber ido, porque es tal vez una de las playas más bonitas que he visto nunca. Unos acantilados sobre una playade arena fina, con un mar cristalino y otras islas de fondo. GRANDE. Así que decidimos volver hacia el barco, y al llegar a la zona de información del parque vimos a mucha gente mirando a los árboles. Joder, que había monos narigudos ahí!!! Qué ilusión que me hizo :). Ya había completado el viaje.
Así que tras eso volvimos a Kuching, donde el primer grupo se volvía a Singapur. El segundo grupo nos quedábamos más tiempo porque volábamos a Johor Bahru. Aprovechamos la tarde para ver Kuching y yo me di mi primera masaje de reflexiologia. Me crujieron los pies y no me gustó demasiado. Por lo menos puedo decir que lo he probado no? Luego vuelta a Johor Bahru y taxi desde Malasia a Singapur.
Llegamos puntuales a Kuching desde Singapur. Nos dirigimos al Tune Hotel, una nueva cadena de hoteles de la linea aérea AirAsia que ofrecen habitaciones a bajo coste. Íbamos recomendados por Xavi, que había estado en el Hilton de Kuching, que está al otro lado de la calle del Tune. En el hotel estaban esperándonos Lara, Alvar y Charlie, que habían ido un día antes. Esa noche nos fuimos a dar una vuelta por el pueblo, cenamos y bebimos algo, y a dormir!
Alguno había bebido más de lo debido la noche anterior, así que prontito sólo nos despertamos Lara y yo. Desayunamos en una cafetería a la orilla del río Kuching y salimos hacia el Rainforest Festival, un festival de música folklórica que se desarrolla en medio de la selva. Nuestra idea era ir, ver el ambiente y luego volver a por la gente. Pero nos dimos cuenta de que estaba demasiado lejos de Kuching para ir yendo y viniendo, así que nos quedamos allí. Entre montañas de selva, con un lago central y un escenario en un lado. Me alegro de habernos quedado, ya que lo mejor del festival fueron los workshops que tuvieron los artistas antes de los conciertos de la tarde. Así asistimos a uno buenisimo llamado Hit Makers donde escuchamos música de Transilvania, Polonia e Indonesia :). El segundo workshop se titulaba One-Sided Percussion, y juntaron percusionistas de diferentes paises (Marruecos, Cuba, Malasia e Indonesia) para acabar tocando todos juntos. Tal vez el último workshop al que asistimos, Hot Pickers, de guitarristas de diferentes partes del mundo, fue el peor.
Luego tuvimos un rato de descanso, y ya cuando se puso el sol empezaron los conciertos en el escenario grande. La noche anterior había llovido, y el suelo estaba todo embarrado, como un lodazal. Un verdadero asco yendo con chanclas. Pero pronto nos acostumbramos, y empezamos a ver pasar grupos de más o menos calidad. El que más me gustó fue Oudaden, de Marruecos, que con sus ritmos bereberes contagiaron a todos de alegría. Asika estuvo chulo con la mezcla de pop y música tradicional malaya, así como Moana and The Tribe, que junta una gran voz femenina con ritmos maoríes. Sin embargo tanto Lan-è Tuyang (Malasia) como Jouhiorkesteri (Finlandia) me parecieron criminales.
Nos fuimos a la cama pasada la medianoche, pero sabíamos que el domingo nos esperaba un día largo. Fuimos a ver el Parque Nacional de Bako. Es uno de los parques nacionales más pequeños de Malasia, pero tiene una riquisima fauna y flora. Llegamos en barco, y tras casi perder la vida contra un palo en medio del mar (el conductor del barco dijo: ups, que no lo había visto!) empezamos a andar. Primero fuimos a la playa de Paku, donde nos dijeron que tal vez viesemos a los monos narigudos. Pateo de 30 minutos y no había monos ni nada. Vaya cabreo que llevaba yo. Así que como teniamos unas cuantas horas antes de volver a coger el barco me alié con Iñaki para salir a andar hacia otra playa. Nos recomendaron la playa de Kecil, y me alegro de haber ido, porque es tal vez una de las playas más bonitas que he visto nunca. Unos acantilados sobre una playade arena fina, con un mar cristalino y otras islas de fondo. GRANDE. Así que decidimos volver hacia el barco, y al llegar a la zona de información del parque vimos a mucha gente mirando a los árboles. Joder, que había monos narigudos ahí!!! Qué ilusión que me hizo :). Ya había completado el viaje.
Así que tras eso volvimos a Kuching, donde el primer grupo se volvía a Singapur. El segundo grupo nos quedábamos más tiempo porque volábamos a Johor Bahru. Aprovechamos la tarde para ver Kuching y yo me di mi primera masaje de reflexiologia. Me crujieron los pies y no me gustó demasiado. Por lo menos puedo decir que lo he probado no? Luego vuelta a Johor Bahru y taxi desde Malasia a Singapur.
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Malasia,
Naturaleza,
Viajes
Friday, July 10, 2009
Kuching

Este fin de semana nos vamos a Kuching, a disfrutar del Festival de la Selva 2009 y de los monos narigudos. Y se llaman monos narigudos porque si os pongo el nombre científico (Nasalis larvatus) nadie sabría a lo que me refiero. Hasta que llegué a Singapur no los había visto, y la verdad es que son una criatura intrigante.
Pues aunque no soy un gran fan de Malasia, les voy a dar una nueva oportunidad. Los últimos viajes allí (Malacca y Tioman) han sido muy buenos, así que esperemos que continuemos con la buena racha.
Wednesday, July 1, 2009
Tioman

Mi último viaje, esta semana pasada, fue a Pulau Tioman. Esta isla, en la costa oriental de la Malasia peninsular, es conocida por sus ricos fondos marinos y por sus espectaculares playas. Y era por los fondos marinos por lo que me aventureré hacia allá.
Hacia tiempo que había pagado parte de mi cursillo de aprendizaje de buceo. Sin embargo, por unas cuestiones u otras (monzones, compañeros que se tiran para atrás, falta de amigos...) lo había ido postergando. Sin embargo, me dije: Xevi, esto lo tienes que hacer antes de volverte a Madrid. Así que el lunes fue a la agencia y les comenté que quería sacarme el título. Me dijeron que ese mismo viernes se iban hacia Tioman con un grupo de 3 chicas, y que si quería me podía apuntar :). Me pareció una idea magnífica. Esa misma tarde tuvimos la primera clase, luego el martes otra clase (a la que no pude ir, pero me quedé en casa haciendo los deberes) y el miércoles la sesión de piscina, donde a poca profundidad practicamos las técnicas que deberíamos perfeccionar una vez en Tioman:
-Inspección de seguridad al compañero de buceo.
-Respirar bajo el agua con la ayuda del regulador (importante!).
-Perder el regular y volver a recuperarlo.
-Llenar la máscara parcial y completamente de agua y limpiarla bajo el agua.
-Quitarse la máscara bajo el agua, volver a ponersela y expulsar el agua (esto es lo que más me costó).
-Respirar sin la máscara.
-Respirar a través del regulador secundario del compañero de buceo.
-Quitarte el cinturon de lastre bajo el agua.
-Quitarte el chaleco hidrostático bajo el agua.
-Realizar un ascenso de emergencia en caso de falta de aire.
Ahí tuve el primer contacto con lo que es estar debajo del agua durante 10 minutos. El aire que sale de la botella de aire comprimido es super seco, por lo que la garganta se empieza a resentir. Tienes ganas de escupir, pero no tienes nada que escupir. Es un poco desagradable. Además, pude practicar algo de aleteo con Silvia, la que sería mi compi en Tioman.
Hacia Tiomán salimos el viernes a las 7 de la tarde. Nos esperaba un autobús que nos dejaría en Mersing, y allí cogeríamos el barco hasta Tiomán. La aventura del barco fue buenísima, y navegamos bajo un cielo lleno de estrellas y un mar calmado durante 3 horas. Chris, el instructor, nos condujo a la parte superior del barco, donde nos quedamos dormidos de camino a la isla. Al llegar a Tioman (las 3 de la noche) nos asignaron las habitaciones, yo me metí a dormir con 2 franceses raros, y nos dijeron que a las 8 todos en pie desayunando.
El desayuno no fue nada especial, pero si muy nutritivo: arroz, noodles, pollo y sopa. ¡Qué más queremos! Antes de subir al mismo barco en el que vinimos (y que nos sirvió para movernos y volver el domindo a Mersing) nos probamos el material y lo llevamos a la embarcación. Una vez a bordo, vimos que los mismos que habíamos venido en el autobús y el barco desde Mersing estaban otra vez allí. Debíamos ser un grupo de 20 personas. Encajamos todos los tubos, probamos todas las conexiones y nos relajamos hasta que llegamos al primer destino. Nos pusimos todos los aparatos y por primera vez entramos en el agua con la técnica del Paso de gigante. Como muy bien el lector hábil habrá interpretado, esta técnica consiste en dar un paso grandote hacia el agua desde la plataforma del barco :). La primera inmersión me costó bastante. Estaba súper nervioso y me molestaba todo. Que si tenía que desinflar el chaleco, igualar la presión de los oídos y nariz, fijarme en mi compañera de buceo, mirar al instructor y bajar... Empecé con 4 lastres de un kilo, aunque el segundo día bajé a 3. En este primer descenso sólo practicamos las técnicas de buceo. Todos bien menos uno de los chicos que no consiguió hacer lo de quitarse y volverse a poner la máscara bajo el agua.
Subimos a la superficie, nos montamos en el barco, y nos llevaron al segundo destino de buceo. Fue más tranquilo este descenso (aún me costó) pero aquí lo que practicamos fue la flotabilidad bajo el agua (que se controla con el aire que tienes en el cuerpo, las pesas y el chaleco) y el nadar con aletas. Vimos unos corales preciosos y unos "nemos" (pez payaso) super chulos. De este segundo descenso nos volvimos al "resort" (hostal de playa), comimos y por la tarde teníamos el examen escrito. Las chicas se pusieron a estudiar, pero a mi me dio pereza y me eché una siesta. Si es que no hay nada como estudiar durmiendo. Y me funcionó, porque saqué la nota más alta: 46/50. Creo que también ayudó el ir con una camiseta de Harvard... Pasamos el resto del día por la playa, hasta que llegó la noche. Entonces disfrutamos de una deliciosa barbacoa de pescado y carne bajo las estrellas. El calamar (sotong en malayo) estaba exquisito. Cansados de todo el día nos fuimos a dormir pronto; más aún cuando nos teníamos que levantar el día siguiente a las 6:45.
El domingo desayunamos más de lo mismo (noodles y arroz) y otra vez al barco. En el primer descenso del día íbamos a ver 3 barcos hundidos!! Practicamos el ascenso de emergencia y tras ello vimos lo que queda de los cascos de madera de antiguas embarcaciones malayas. Siempre he considerado que tengo un fabuloso sentido de la orientación, pero bajo el agua aún tengo que adaptarme. Creí que habíamos dado vueltas sobre nosotros mismos, pero emergimos en la otra punta de la playa. El segundo descenso fue en un islote próximo a la costa, donde el coral rodeaba toda la roca. Me sentí mucho más agusto este segundo día. Con menos peso descendí mucho mejor. Creo que pillé bien la postura de buceo, e hice un buen trabajo como compañero ya que Silvia estaba un poco perdida. Muy china ella.
Al volver al resort, nos dimos una ducha, comimos, preparamos las bolsas y de vuelta a Singapur, de la misma forma que habíamos venido, pero con más amigos y un título de buceo bajo el brazo :)
Mas fotos en Facebook (pinchar en el enlace. No hace falta estar registrado)
Sunday, May 24, 2009
Malacca

Ayer hicimos lo que muchos me decían era una locura: ir a Malacca a pasar el día. Pasar el día quiere decir ir y volver en el día. Y visto lo visto, si tienes coche, es la mejor opción. Quedamos bien pronto con Faz en el Keppel Club, un exclusivo club de golf donde su padre juega cada sábado. De allí salimos en su coche con Anna como copiloto. El viaje fue muy agradable, pasamos rápido a Malasia por Tuas, y desayunamos unas deliciosas empanadillas de patata y sardinas ya en Malasia. El amigo Faz se había currado un CD de música para el viaje, y nos pasamos el trayecto cantando.
Llegamos a Malacca, la antigua colonia portuguesa, holandesa e inglesa, y nos dirigimos hacia el barrio chino. ¡Cómo si no hubiésemos visto suficientes chinos en Singapur! La zona es muy tranquila, y está llena de tiendecillas con mil millones de chorradas a buen precio. Cuando nos entró el hambre entramos en un restaurante de la zona y nos tomamos una deliciosa laksa. Según nos contó Faz, la laksa malaya es mejor que la singapurense, sobre todo porque es menos grasienta y porque se sustituye la leche de coco por algo de una palmera (me enteré a medias). Después de la comilona anduvimos hacia el fuerte, donde nos hicimos miles de fotos.
Faz había quedado con unos amigos singapurenses que iban a pasar el fin de semana allí, por lo que nos encontramos al lado de un antiguo barco español que se exhibe al lado del río. Con ellos recorrimos un par de iglesias locales (entre las que estaba la de San Francisco Javier) y volvimos al sitio donde habíamos comido para tomarnos la merienda. Yo opté por el zumo de zanahoria, limón y manzana (se les fue la mano con el limón!), pero los locales prefirieron tomarse uno de esos postres con hielo y mierdas chinas.
Para acabar el día nos fuimos al hotel donde se quedaban los amigos. ¡Qué maravilla de sitio! Una antigua casa colonial, reformada, y con suites que eran duplex. Nos relajamos un poco y salimos a cenar. Nos metimos una buena comida malaya, con mucho arroz, pollo y gambas. Tras la cena, después de un día andando de arriba a abajo, y con un calor de mil demonios, nos metimos en el coche de vuelta a casa. Buena escapada, perfectamente realizable en un día
Fotos en Facebook.
Saturday, January 31, 2009
El Sudeste Asiático no cuida el turismo
Desde que llegué a Singapur he tenido la oportunidad y la suerte de visitar ya unos cuantos países. Además de conocer Singapur, hemos viajado a Tailandia, a Malasia, a Laos y a la India. Y en todos lados me he encontrado con dos aspectos negativos para el turismo: al hombre blanco se le intenta timar a todas horas y los precios de muchas entradas y admisiones a monumentos tienen tarifa nacional y tarifa extranjera.
En el Sudeste Asiático un hombre blanco (y no tan blanco... que yo ya me voy pareciendo a un indio :P) es el equivalente a "tiene dinero, vamos a timarle por todos lados". Es el problema de que en muchos sitios los precios no estén fijos. En los mercados sabes que de entrada te van a dar un precio que está, por lo menos, multiplicado por dos el precio que les podrás sacar y multiplicado por cuatro del precio que pagaría un local. Y eso por no hablar de los taxis, tuktuks y demás medios de transporte, donde la clavada es máxima.
Otro aspecto que me indigna es el hecho de llegar a un monumento o un parque nacional y tener dos listas de precios de entrada: local y extranjero. Sin ningún tipo de vergüenza. Por ejemplo, entrar en el Taj Mahal para un local cuesta 20 rupias, mientras que un extranjero paga 750 rupias. A ver que piense... SON 35 VECES MÁS!! Y eso también pasa cuando entras en los templos de Bangkok o cuando entras a los parque nacionales de Malasia. Es una verdadera pena lo mal que tratan estos países a los extranjeros.
En el Sudeste Asiático un hombre blanco (y no tan blanco... que yo ya me voy pareciendo a un indio :P) es el equivalente a "tiene dinero, vamos a timarle por todos lados". Es el problema de que en muchos sitios los precios no estén fijos. En los mercados sabes que de entrada te van a dar un precio que está, por lo menos, multiplicado por dos el precio que les podrás sacar y multiplicado por cuatro del precio que pagaría un local. Y eso por no hablar de los taxis, tuktuks y demás medios de transporte, donde la clavada es máxima.
Otro aspecto que me indigna es el hecho de llegar a un monumento o un parque nacional y tener dos listas de precios de entrada: local y extranjero. Sin ningún tipo de vergüenza. Por ejemplo, entrar en el Taj Mahal para un local cuesta 20 rupias, mientras que un extranjero paga 750 rupias. A ver que piense... SON 35 VECES MÁS!! Y eso también pasa cuando entras en los templos de Bangkok o cuando entras a los parque nacionales de Malasia. Es una verdadera pena lo mal que tratan estos países a los extranjeros.
Friday, November 14, 2008
Viaje a Kuala Lumpur
El fin de semana pasado estuvimos en Kuala Lumpur (KL), en nuestra primera excursión a la capital de Malasia. Allí nos esperaban Alfonso, Leo y Pablo, nuestros 3 colegas de la Oficina Comercial en KL. El viaje desde Singapur a KL empezó en Jalan Sultan, una calle ancha del barrio singapurense de Little India. Nos había advertido de lo lujosos que son los autobuses aquí, pero no me esperaba tanto. Casi in extremis llegó Charlie y nos montamos con Ana en el autobús malayo: 3 asientos por fila y 9 filas en el autobus, con butacones completamente reclinables. Lujo asiático que dirán algunos. Y como esto de Asia no es Europa, pues cada vez que pasas de un país a otro tienes la frontera y aduana del país saliente y del país entrante. En la parte singapurense sin problemas, pero el problema llegó en la parte malaya, donde para entrar tuve que entregar algo más que mi pasaporte (si alguien no lo entiende que me lo pregunte, pero es algo verd e y con cara de presiden tes americanos).
Llegamos a KL tarde, y desde la estación de autobuses nos pillamos un taxi al condo de nuestros amigos: un puso 30, con vistas de las Petronas y la Torre de Comunicaciones. Chulisimo. El sábado, tras el desayuno de rigor en un puesto indio de la calle donde tomamos nuestro primer teh tarik (té con leche condensada) nos fuimos hacia el nuevo centro financiero, donde están las Torres Petronas. La petrolera Petronas es el dueño del país: todo tiene su nombre, todo lo construyen y me queda la duda de si todo lo poseen. Son unos edificios de un gusto discutible, pero impresionantes. Las torres gemelas más altas del mundo y actualmente el tercer y cuarto edificio más alto del mundo han creado una nueva imagen de KL, y quieras o no las tienes que ir a ver.
De ahí nos fuimos con el monorrail hasta un templo chino que quizás fue lo que más me gustó del viaje. En lo alto de una colina, con la vista de la ciudad a sus pies, pudimos ver las ofrendas a los dioses y experimentar el olor a incienso y especias. Y llegó otro momento cumbre: la comida en un food court malaya. No sabemos si tendrá alguna relación con su homonimo singapurense, pero el Food Republic de KL es buenisimo. Entre Leo y yo nos partimos una deliciosa tortilla de ostras y un "carrot cake", pastel de rábano (que no zanahoria. Si a alguien le interesa porqué se llama carrot cake, consultad aquí). Con la tripa llena, y cansados de tanto andar, volvimos a casa, nos tiramos un rato en la pisci, y nos jugamos unos pingpongs.
Ya por la noche salimos a dar una vuelta por Chinatown antes de ir a cenar. El Chinatown de KL, a diferencia del de Singapur, tiene un grandísimo mercado al aire libre de falsificaciones tiradas de precio (y de dudosa calidad). Al día siguiente volvimos a ir, y me compré la primera falsificación de mi vida... Pero eso fue al día siguiente, y el sábado por la noche habíamos quedado para cenar en un restaurante argentino llamado Pampas. La comida muy buena. El servicio MUY MALO. 2 horas para traernos unos chuletones, churrascos y T-bones. Imperdonable. Para nada recomendable. Y para quitarnos el mal sabor de bota fuimos al Zouk KL, donde aunque había ambiente, el cansancio pudo más que nosotros y nos volvimos pronto a casa.
Y el domingo fuimos andando hacia la zona de Chinatown y Merdeka, donde volvimos a recorrer el mercado de falsificaciones y en Merdeka vimos alguna mezquita. Poca cosa. Y por la tarde, de vuelta a Singapur. Creíamos que el autobús no podía ser mejor que a la ida, pero estábamos confundidos: autobús de dos plantas, con pantallas en cada asiento con 4 pelis, con cena caliente para cada uno y con juegos en la pantalla. Un lujo. Y para acabar, al volver a entrar en Singapur, un nuevo malentendido en la frontera, porque primero me pusieron un pase de 30 días, que luego lo aumentaron a 90. Yo ya creía que tendría problemas, pero aquí se ve la diferencia de como funciona cada país: Singapur funciona MUY BIEN y Malasia funciona... Aquí os dejo las fotos de este finde, en el que lo pasamos muy bien y que por desgracia no pudimos compartir con Christin.
Llegamos a KL tarde, y desde la estación de autobuses nos pillamos un taxi al condo de nuestros amigos: un puso 30, con vistas de las Petronas y la Torre de Comunicaciones. Chulisimo. El sábado, tras el desayuno de rigor en un puesto indio de la calle donde tomamos nuestro primer teh tarik (té con leche condensada) nos fuimos hacia el nuevo centro financiero, donde están las Torres Petronas. La petrolera Petronas es el dueño del país: todo tiene su nombre, todo lo construyen y me queda la duda de si todo lo poseen. Son unos edificios de un gusto discutible, pero impresionantes. Las torres gemelas más altas del mundo y actualmente el tercer y cuarto edificio más alto del mundo han creado una nueva imagen de KL, y quieras o no las tienes que ir a ver.
De ahí nos fuimos con el monorrail hasta un templo chino que quizás fue lo que más me gustó del viaje. En lo alto de una colina, con la vista de la ciudad a sus pies, pudimos ver las ofrendas a los dioses y experimentar el olor a incienso y especias. Y llegó otro momento cumbre: la comida en un food court malaya. No sabemos si tendrá alguna relación con su homonimo singapurense, pero el Food Republic de KL es buenisimo. Entre Leo y yo nos partimos una deliciosa tortilla de ostras y un "carrot cake", pastel de rábano (que no zanahoria. Si a alguien le interesa porqué se llama carrot cake, consultad aquí). Con la tripa llena, y cansados de tanto andar, volvimos a casa, nos tiramos un rato en la pisci, y nos jugamos unos pingpongs.
Ya por la noche salimos a dar una vuelta por Chinatown antes de ir a cenar. El Chinatown de KL, a diferencia del de Singapur, tiene un grandísimo mercado al aire libre de falsificaciones tiradas de precio (y de dudosa calidad). Al día siguiente volvimos a ir, y me compré la primera falsificación de mi vida... Pero eso fue al día siguiente, y el sábado por la noche habíamos quedado para cenar en un restaurante argentino llamado Pampas. La comida muy buena. El servicio MUY MALO. 2 horas para traernos unos chuletones, churrascos y T-bones. Imperdonable. Para nada recomendable. Y para quitarnos el mal sabor de bota fuimos al Zouk KL, donde aunque había ambiente, el cansancio pudo más que nosotros y nos volvimos pronto a casa.
Y el domingo fuimos andando hacia la zona de Chinatown y Merdeka, donde volvimos a recorrer el mercado de falsificaciones y en Merdeka vimos alguna mezquita. Poca cosa. Y por la tarde, de vuelta a Singapur. Creíamos que el autobús no podía ser mejor que a la ida, pero estábamos confundidos: autobús de dos plantas, con pantallas en cada asiento con 4 pelis, con cena caliente para cada uno y con juegos en la pantalla. Un lujo. Y para acabar, al volver a entrar en Singapur, un nuevo malentendido en la frontera, porque primero me pusieron un pase de 30 días, que luego lo aumentaron a 90. Yo ya creía que tendría problemas, pero aquí se ve la diferencia de como funciona cada país: Singapur funciona MUY BIEN y Malasia funciona... Aquí os dejo las fotos de este finde, en el que lo pasamos muy bien y que por desgracia no pudimos compartir con Christin.
Friday, November 7, 2008
Fin de semana en Kuala Lumpur

Este fin de semana subimos a Kuala Lumpur, en Malasia, a pasar el fin de semana. Allí visitaremos a nuestros homólogos en la Oficina Comercial de KL, y seguramente que pasaremos un fin de semana inolvidable. A la vuelta prometo fotos.
Wednesday, October 29, 2008
Pulau Sapi
El lunes, bajando del Parque Natural de Kinabalu, nos dejaron en el hostal Red Palm de Kota Kinabalu. Allí teníamos una reserva de un día para relajarnos y desestresarnos de la paliza de subir al Monte Kinabalu. Llegamos por la tarde, así que decidimos salir a conocer la ciudad. Yo hacía tiempo que deseaba darme un masaje, y que mejor día que tras subir la montaña más alta de la zona. Así que tras encontrar el más barato de los sitios que tenían buena pinta decidí pedir un body massage. Por 55 ringgit (12 euros) la masajista (que no sé si era hermana de Margaret Tatcher o la Teniente O'neill) me dio un masaje de una hora por todo el cuerpo que me dejó como nuevo. Cena, enviar un par de correos desde el hostal y a dormir.
El martes se despertó medio soleado y decidimos ir a Pulau Sapi (la isla de Sapi), dentro del Parque Marítimo Tunku Abdul Rahman, enfrente de la costa de Kota Kinabalu. Nos recogieron en el puerto en una lancha, y nos lanzaron en la isla. Desde las 10 hasta las 4 teníamos que apañarnos en la isla, con la comida y la bebida que habíamos comprado, más unas gafas y un tubo que había alquilado para ver los corales y los peces. Mucho calor y muchísimos peces. La única pena es que la isla no era tan desértica como creíamos, y diferentes grupos de turistas fueron llegando. Así que como buenos intrepidos decidimos dar la vuelta a la isla, actividad que tuvo que ser cancelada tras meternos en el bosque y ver 2 lagartos GIGANTES entre los árboles (por gigante me refiero a metro y medio). Buscando por internet he descubierto que lo que vimos era un Monitor Lizard, largarto carnivoro de Asia. La isla estuvo muy bien, aunque con menos gente sería más paradisiaca :P.
Así que nuestro viaje terminó con un taxi al aeropuerto, donde nos embarcamos hacia Johor Bahru, donde nos esperaba otro taxi para pasar a Singapur y de allí a casa. Un viaje para recordar.
El martes se despertó medio soleado y decidimos ir a Pulau Sapi (la isla de Sapi), dentro del Parque Marítimo Tunku Abdul Rahman, enfrente de la costa de Kota Kinabalu. Nos recogieron en el puerto en una lancha, y nos lanzaron en la isla. Desde las 10 hasta las 4 teníamos que apañarnos en la isla, con la comida y la bebida que habíamos comprado, más unas gafas y un tubo que había alquilado para ver los corales y los peces. Mucho calor y muchísimos peces. La única pena es que la isla no era tan desértica como creíamos, y diferentes grupos de turistas fueron llegando. Así que como buenos intrepidos decidimos dar la vuelta a la isla, actividad que tuvo que ser cancelada tras meternos en el bosque y ver 2 lagartos GIGANTES entre los árboles (por gigante me refiero a metro y medio). Buscando por internet he descubierto que lo que vimos era un Monitor Lizard, largarto carnivoro de Asia. La isla estuvo muy bien, aunque con menos gente sería más paradisiaca :P.
Así que nuestro viaje terminó con un taxi al aeropuerto, donde nos embarcamos hacia Johor Bahru, donde nos esperaba otro taxi para pasar a Singapur y de allí a casa. Un viaje para recordar.
Ascensión al Mount Kinabalu
El sábado por la mañana al llegar a Kota Kinabalu fuimos en taxi desde el aeropuerto a Manakan Field, de donde salen los taxis al Parque Natural de Kinabalu. Allí, tras degustar el primer plato de noodles para desayunar, regateamos con el dueño de una furgonetilla para que nos subiese al Parque. Al final por 15 ringgits por cabeza (3 euros) nos metimos en una furgoneta los 7 españoles (Alfredo, Charlie, Maria, Lara, Ana y Miriam) y 4 franceses. Como sardinas que íbamos.
El viaje hasta el Parque fue largo y penoso. 2 horas para recorrerr 85 kilómetros en una furgoneta sin aire acondicionado y por las carreteras malayas. Y al llegar al parque comprobamos lo que nos ha perseguido todo el viaje: Malasia no sabe cuidar su turismo. Esto lo digo en el sentido de que todos los precios para entrar a parques y conseguir servicios están en precios para locales y en precios para extranjeros. Así entrar en una isla cuesta 3 ringgits para los locales y 10 para los extranjeros. Inaceptable.
Llegamos a los Head Quarters del parque, y tras pagar el impuesto revolucionario malayo nos indicaron nuestro alojamiento en la base de la montaña para esa noche. Nos enviaron a Grace Hostel, un hostal en el que nos distribuimos en dos habitaciones: todos en una habitación y Xevi en otra :P. Por suerte me tocó con una amabilisima pareja de franceses de Singapur que también subían la montaña al día siguiente. Y como estábamos en la base de la montaña, lloviendo muchísimo y sin nada que hacer, nos fuimos al chalet central del parque a comer y nos pasamos toda la tarde hasta la hora de cenar.
El domingo empezamos la ascensión hacia Laban Rata (vaya nombre), donde estaba el campamento base para hacer noche antes de subir a la cima. Teníamos que subir desde los 1866 metros de la Timpohon Gate hasta los 3272 de Laban Rata, con un recorrido de 6 kilómetros. Parecía fácil hasta que empezamos. El camino era muy pedregoso, y lleno de "escaleras" que rompían el ritmo y los músculos. Desde el primer momento vimos que la ruta estaba en perfecto estado, muy bien mantenida y con refugios cada 800 metros (refugios techados con cuarto de baño y "agua no potable para los extranjeros"!). Así creamos dos grupos de subida: por un lado María, Alfredo, Charlie y yo, y por otro Lara, Ana y Miriam. Las chicas de este segundo grupo se quedaron con los guías que nos asignó el parque, y subieron a un paso más calmado que nosotros.
Así que tras 4 horas de subida llegamos a Laban Rata, donde nos esperaba lo mejor del día: ducha caliente con cambio de ropa. En la subida chispeaba constantemente, pero era el sudor lo que nos hizo llegar calados a Laban Rata. Al cabo de una hora llegó el grupo de las chicas, y con ellas los guíasm que nos dijeron que nos preparásemos para el día siguiente, cuando saldríamos a las 3 de la noche hacía la cima. Una vez más pasamos la tarde en la cafetería de Laban Rata jugando a las cartas y comiendo, para irnos a dormir a las 6:30 de la tarde!!! Estábamos destrozados.
Así que el "fatídico" día llegó. A las 3, todos despiertos, y con noticias poco alentadoras: ni Miriam ni Ana ni Lara se encontraban bien para subir. No habían podido dormir bien por encima de 3000 metros y el cansancio del día antes había dejado mella en su cuerpo. Así que partimos hacía la cumbre los macohs españoles y María, que resultó ser mas "macha" que muchos de nosotros. Hacia la cumbre el camino parecía la Gran Vía en Navidad, mucha gente y cada uno con su linterna. Por suerte, tras 30 minutos de procesión conseguimos deshacernos de un buen puñado de chinos, y empezamos la subida de verdad. Por delante iban María y Alfredo, y por detrás nos quedamos con los guías Charlie y yo. La noche, la oscuridad, la pared escarpada de la montaña creaban una atmosfera terrorífica. Y ya cuando creíamos que eso no iba a acabar, y llegando casi gateando, nos encontramos con la cima!!! gritamos, nos abrazmos, y empezamos a morirnos de frío :p. estábamos en el punto más alto del sudeste asiático, lo habíamos conseguido. era un reto que no había podido con nosotros. desgraciadamente, el día amaneció nublado, por lo que no vimos salir el sol ni las Filipinas a lo lejos, por lo que nos quedamos sin el gran premio a la subida.
Y ya sólo quedaba bajar desde los 4095 metros hasta los 1866 metros de la entrada en el mismo día. Volvimos a Laban Rata y desayunamos. Paramos una horita y de nuevo bajar hasta Timpohon Gate. A mitad de bajada nos empezó a llover y Alfredo y yo decidimos que lo mejor era bajar corriendo. Vaya carrera que nos metimos. Así que sanos y salvos, una vez abajo, todo eran risas y felicitaciones. Comimos, Maria regateo un buen precio para bajar a Kota Kinabalu, y ya sólo quedaban los recuerdos de la montaña. Todo un reto subir 4000 metros, y lo había logrado. Nadie nos puede quitar eso.
El viaje hasta el Parque fue largo y penoso. 2 horas para recorrerr 85 kilómetros en una furgoneta sin aire acondicionado y por las carreteras malayas. Y al llegar al parque comprobamos lo que nos ha perseguido todo el viaje: Malasia no sabe cuidar su turismo. Esto lo digo en el sentido de que todos los precios para entrar a parques y conseguir servicios están en precios para locales y en precios para extranjeros. Así entrar en una isla cuesta 3 ringgits para los locales y 10 para los extranjeros. Inaceptable.
Llegamos a los Head Quarters del parque, y tras pagar el impuesto revolucionario malayo nos indicaron nuestro alojamiento en la base de la montaña para esa noche. Nos enviaron a Grace Hostel, un hostal en el que nos distribuimos en dos habitaciones: todos en una habitación y Xevi en otra :P. Por suerte me tocó con una amabilisima pareja de franceses de Singapur que también subían la montaña al día siguiente. Y como estábamos en la base de la montaña, lloviendo muchísimo y sin nada que hacer, nos fuimos al chalet central del parque a comer y nos pasamos toda la tarde hasta la hora de cenar.
El domingo empezamos la ascensión hacia Laban Rata (vaya nombre), donde estaba el campamento base para hacer noche antes de subir a la cima. Teníamos que subir desde los 1866 metros de la Timpohon Gate hasta los 3272 de Laban Rata, con un recorrido de 6 kilómetros. Parecía fácil hasta que empezamos. El camino era muy pedregoso, y lleno de "escaleras" que rompían el ritmo y los músculos. Desde el primer momento vimos que la ruta estaba en perfecto estado, muy bien mantenida y con refugios cada 800 metros (refugios techados con cuarto de baño y "agua no potable para los extranjeros"!). Así creamos dos grupos de subida: por un lado María, Alfredo, Charlie y yo, y por otro Lara, Ana y Miriam. Las chicas de este segundo grupo se quedaron con los guías que nos asignó el parque, y subieron a un paso más calmado que nosotros.
Así que tras 4 horas de subida llegamos a Laban Rata, donde nos esperaba lo mejor del día: ducha caliente con cambio de ropa. En la subida chispeaba constantemente, pero era el sudor lo que nos hizo llegar calados a Laban Rata. Al cabo de una hora llegó el grupo de las chicas, y con ellas los guíasm que nos dijeron que nos preparásemos para el día siguiente, cuando saldríamos a las 3 de la noche hacía la cima. Una vez más pasamos la tarde en la cafetería de Laban Rata jugando a las cartas y comiendo, para irnos a dormir a las 6:30 de la tarde!!! Estábamos destrozados.
Así que el "fatídico" día llegó. A las 3, todos despiertos, y con noticias poco alentadoras: ni Miriam ni Ana ni Lara se encontraban bien para subir. No habían podido dormir bien por encima de 3000 metros y el cansancio del día antes había dejado mella en su cuerpo. Así que partimos hacía la cumbre los macohs españoles y María, que resultó ser mas "macha" que muchos de nosotros. Hacia la cumbre el camino parecía la Gran Vía en Navidad, mucha gente y cada uno con su linterna. Por suerte, tras 30 minutos de procesión conseguimos deshacernos de un buen puñado de chinos, y empezamos la subida de verdad. Por delante iban María y Alfredo, y por detrás nos quedamos con los guías Charlie y yo. La noche, la oscuridad, la pared escarpada de la montaña creaban una atmosfera terrorífica. Y ya cuando creíamos que eso no iba a acabar, y llegando casi gateando, nos encontramos con la cima!!! gritamos, nos abrazmos, y empezamos a morirnos de frío :p. estábamos en el punto más alto del sudeste asiático, lo habíamos conseguido. era un reto que no había podido con nosotros. desgraciadamente, el día amaneció nublado, por lo que no vimos salir el sol ni las Filipinas a lo lejos, por lo que nos quedamos sin el gran premio a la subida.
Y ya sólo quedaba bajar desde los 4095 metros hasta los 1866 metros de la entrada en el mismo día. Volvimos a Laban Rata y desayunamos. Paramos una horita y de nuevo bajar hasta Timpohon Gate. A mitad de bajada nos empezó a llover y Alfredo y yo decidimos que lo mejor era bajar corriendo. Vaya carrera que nos metimos. Así que sanos y salvos, una vez abajo, todo eran risas y felicitaciones. Comimos, Maria regateo un buen precio para bajar a Kota Kinabalu, y ya sólo quedaban los recuerdos de la montaña. Todo un reto subir 4000 metros, y lo había logrado. Nadie nos puede quitar eso.
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Tuesday, October 21, 2008
Kota Kinabalu (III)

Y el viaje sigue sus preparativos. Parece que de los 4 días que tenemos, 3 los pasaremos en las montañas y nos dejaremos el último día para disfrutar de las playas de Sabah (Malasia). Pues acabo de pillar una noche de hostal en Kota Kinabalu, para al día siguiente aprovechar y pillarnos una barca a la isla de Sapi donde disfrutar de fondos marinos y playas cristalinas. Os dejo una foto de lo que nos espera.
Wednesday, October 15, 2008
Kota Kinabalu (II)

Pues parece que estoy más perdido que Wally en el Frente Atlético. Porque yo que creía que íbamos a Kota Kinabalu a la playa, y parece que vamos de montañismo al más puro Al filo de los imposible... Pues resulta que desde Kota Kinabalu se puede llegar al Parque Nacional del Monte Kinabalu en solo un par de horitas con autobús. Y el plan sería una vez allí hacer un día de trekking y el segundo día subir el Monte Kinabalu, que con sus más de 4000 metros de altura (4096 metros) es la cuarta montaña del Sudeste Asiático. Mola el plan eh! Pues por poco más de 100€ tienes un itinerario de 4 días, con alojamiento y guías para llegar, ir al Parque Nacional, subir la montaña y volverte a casa :).
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